Mercurio Retrógrado: El final
Pasaba hoy por la calle Dávila Baeza. Atrapada en una congestión de 30 minutos con mamá. Teníamos hora al neurólogo pero la perdimos y ya lo sabíamos. Había urgencia en todos lados. La gente tocaba la bocina, los maestros me miraban las tetas. Me acaloraba porque el sol me llegaba al abdomen y miré a la derecha.
Era un hombre joven, a de haber tenido unos 30. En una esquina se mecía de un lado a otro, un bebé en sus brazos. Tenía rastas, barba, era de mediana estatura y panzón. Tenía una cara adorable, como que fuera lo último que le maduró. El bebé tenía los ojos celestes, cachetes rellenos y rosados. Pude ver la poca vergüenza que tenía a pesar de la feminidad que significa andar trayendo un canguro con un bebé mientras la mamá compra las cosas. Se amaban. Pensé en ti.