Tormenta de arena en un hotel
Había mar también.
Corríamos a mover las cosas porque la marea subió. No alcanzábamos a que no se mojara todo. Mientras nos devolvíamos al hotel una tormenta de arena comenzaba, le pedía a alguien que sostuviera mi brazo para no volarme. Llegamos al lugar, McCartney, éramos los únicos huéspedes. 20 personas. Subí las escaleras a mi habitación. Revisé un cajón del que sospechaba tenía doble fondo, y descubrí que el abuelo dueño del hotel tenía fotos mías cuando pequeña, miel de abeja, blocks de dibujo y reglas. Me empecé a desnudar para cambiarme de ropa. En mis chaquetas había una de él. Alguien toca la puerta y contesto en calzón y sostén.
"Creo que hay algo aquí que es mío."
"Sí, alguien movió las cosas. Está colgado."
Comienza a buscar en la cama.
"Te dije que está colgado."
Le doy la espalda para agarrar su chaqueta y me sostiene de la cintura para darme besos en el cuello. Se me llena de mariposas el útero y de confusión la cabeza. Lo miro a los ojos y entiendo que para los dos es igual de carnal.
Nos fundimos mientras pienso en que debo denunciar al dueño del hotel que es un pedófilo.
Para llegar al lugar había pasado con mi papá por un túnel en una carretera. Fue largo, había taco. Llevábamos nuggets que fueron requisados pero los comimos para no desperdiciarlos.