Mira lo que me compré
— No weís que no las conocís, ¿Nunca habíai visto una?
— Creo que sí
— Son vintage. Típicas. Quiero sacarte una foto, vamos.
Está chispeando ligeramente. No llega ser molesto. El día está claro, aunque gris. Nuestros zapatos sonaban contra la arena y tierra de la plaza.
— ¿Aquí?
— No, es más allá. Ahí la verás.
— ¿Ver qué?
— La foto.
Llegamos a una banca. Encima hay una estructura de metal, frondosa de una planta morada y olorosa. Ni idea el nombre. Una bonita.
— Pero no sé posar.
— No importa, si es pa' mostrársela a alguien del futuro. Mira, ese era mi amigo el pelota.
— ¿Era? ¿O sea que nuestra amistad se va a acabar en algún momento?
— Supongo. Eso pasa. Quédate ahí.
Un roñosito. Chaqueta verde, pantalones de algún color parecido, chascón a medio afeitar.
— Súbete en la banca. Quiero que se vean las flores.
La cámara tiene a un lado una figura morada y al otro lado está él. Ni idea si sale. Con estas weas no te enterai hasta que las revelas.
— Sácame una a mí.
Me subo a la banca y sonrío. Le enseño a usarla.
— Una oportunidad, pelota.