Feria de las pulgas en Providencia

— Oye, pelota.
— ¿Hm?
— Sácame una foto - le tiro la cámara - ¿Te enseñé a usarla verdad?

Me acomodo un poco más lejos para salir en el cuadro. Estoy con una falda floreadísima y un peto blanco, ligeramente cochino de tanto usarlo.

— Déjame sacarte otra.
— No quiero gastar el rollo en puras fotos iguales.

Guardo la cámara y saco un scotch y algodón que tengo en la cartera. Empiezo a hacerme parches en los dedos de los pies para poder seguir caminando con esas chalas.

— ¿Te acordai cuando te confesabai borracho?
— Odio mi pasado virtual.
— Yo igual. Pal pico igual. Era tan mala. No contigo, o sea si me pasabai sacando de quicio, pero había con cabro con el que era tan mala.
— Erai chica.
— No, weón. Era mala. Mala de adentro.

Había gente haciendo yoga. Nos quedamos mirando y el Alvaro comienza a elongar. Tira las piernas para atrás con el torso recostado.

— Ven a ayudarme. Péscame de los tobillos.