Públicamente vuestra

En algún momento de mi sensible vida escribí sobre el amor y una hormiga. Desde antes de eso entendía lo pequeño y grandioso que es y sería el amor, y sin embargo, aunque con razón, lo desviví por años.
De adolescente una vez vi cómo un hombre se arañaba la espalda con tan sólo la idea de perderme. Cómo una nube en forma de corazón se rompía cuando me dijeron que la profundidad de mi malestar era aburrida. Cómo entre tantas personas, mucho más lindas e interesantes que yo, me hicieron sentir única. Y de chica, e incluso antes, comprendí lo especial que es y sería la vida, que un gigante me haría sentir pequeña y de pequeña me sentiría enorme. 
Porque sólo con mi voz logré obsesionar un hombre que le gustaba leer, con mi compañía curé suicidios y depresiones, con mi cariño revolucioné personalidades y con esa misma fuerza sanadora y constructora fui capaz de destruir personas, autoestimas y realidades.
En el presente utópico esta fuerza intuitiva y femenina es un tesoro que sólo cabe entre mi pulgar e índice. Y a pesar de estar a plena vista y paciencia de todo quien me mire, nadie observa realmente el poder que alberga mi alma.
No soy un secreto.