El inicio del Fin: Once de Febrero del Dos Mil Veinticuatro.
El mar ruge, por eso le dicen Playa Leona. Cierro los ojos en la micro y decido soñar despierta: flashazos de tu hoyuelo en el labio, agarrarte la cara a besos, tú tomándome en brazos y esa mirada de fascinación cuando me tienes encima. En mi estómago mil mariposas que instintivamente me hacen llevarme una mano al abdomen. Como si las fuera a atrapar.
- ¿Me haces el té?
Hasta que me lo dijiste, no me di cuenta de lo tranquila que realmente estuve. Cuatro años después, allí, en un café, en Santiago, de frente, en pelota emocional. No había escapatoria. El final se sentía como el comienzo.