Veinte de marzo del dos mil veinticuatro

La profundidad de todos sus sentires no alcanzaba la punta de su lengua, pero ella la obligó a salir del clóset, la expuso ante el mundo hasta que llegó un testigo de su maldad y pidió silencio.
Entonces comprendió un par de cosas que antes negaba, pero hoy ha de admitir:
• Quizá no llegue el día en que lo olvide
• Si tuviera el coraje, probablemente lo haría
• Debe de cerrar el reciente proceso con esa chica
• Nadie la lee

Y así murió con calma