Vulnerabilidad del Sistema
En la mesa sonaba el crujiente siseo de la tijera al cortar la tela de algodón
Su denso peso, e incluso color negro, emitieron un ruido hueco al chocar contra el mueble
Y su manipulador emitió un cálido "Que bien"
Esa voz familiar, sanguínea e histórica, calmaba en algún nivel el sistema parasimpático de Cristina. Había llegado de manejar, luego estar 40 minutos en el gimnasio, constantemente al borde del pánico. Su estado de alerta había sido activado hacía una semana atrás, en el sur de Chile, en el piso 11 de un edificio en calle Freire 1165, Concepción.
Había arrendado equívocamente, pero intencional a nivel de subconciente, un departamento en el piso 18. Su historial de acrofobia fue un pensamiento fugaz al momento de hacer click en "Reservar", lo suficiente para recordar que lo pensó, pero no lo suficiente para cambiar su opinión.
Cynthia, su psicóloga, le dijo que fue una decisión de su subconciente, para poner a prueba a una de sus mejores amigas: Laura. Laura estaba en el ascensor cuando Cristina empezó el largo camino de re-sanación de su ansiedad, desencadenado por el encierro del cuadrado en movimiento, y pánico de la altura correspondiente. Cristina había aprendido cómo disimular y contenerse a sí misma: señal de madurez, pero también de falsedad. Cynthia cuestionó esta amistad, porque en ese momento no fue sincera, sino que se escondió y trató de consolar sola, a pesar de tener a una "mejor amiga" justo al lado.
Hoy, en Santiago, intentaba bajar del subidón que tuvo en su viaje. El ataque de pánico prolongado por horas y su estado de alerta activado por días, había desestabilizado años de construcción firme y concreta, sana e insana, estable e inestable. La había dejado al descubierto, vulnerable, necesitada, pequeña y patética. Su adultez asociada la avergonzaba, y no era capaz de encontrar consuelo en sí misma.
Fue así como volvió a comenzar la vulnerabilidad del sistema.