Viña del Mar: Augurio de un Vacío
Había siempre un bullicio que retumbaba en esa pequeña casa de madera, sonidos que provenían del exterior e interior de ella.
Las voces de mis tíos y primos jugando a reventar globos que escondían bajo sus poleras y luego chocaban entre sí, mis manos de niña pequeña tomando el vino de mi tío José y escondiéndolo en la cocina porque me daba pena que tomara, las carcajadas de mis tías ante la gracia de alguna de las últimas guaguas que hubieran nacido, probablemente por parte de otra madre adolescente de esa familia, mis pantalones llenos de tierra y mugre después de construir castillos de tierra con mis primos, los mismos que no me admitieron en su club de amigos porque no osé comerme un moco o eructar (no sabía causarme un eructo, nunca aprendí a tragar aire).
Entendí implícitamente que esa casa siempre era mejor que estuviese llena, porque la matriarca y su acompañante parieron 8 hijos que llenaron la única pieza de esa casi mediagua, y sacaron el pan de su boca para lograr mantener vivo a 7 de ellos. Uno mi madre. Cinco mis tías. Uno mi tío. En esa casa, mandaba calzón, y las mujeres eran vacas sagradas...
¿Pero qué tan sagradas?
¿Cómo era cuando había silencio?
¿Qué hizo mi abuela, los últimos 20 años de su vida, con todos sus hijos fuera, con toda la casa vacía, con sólo las fuentes de sonido exterior retumbando en sus paredes?
La recuerdo postrada, ciega, muda, des-dentada. Cuando falleció mi abuelo, todos susurramos a su alredor esta muerte, este luto, y nadie osó desestabilizar la vida que fuera que le quedara a Cristina. Sin embargo, en nuestra historia reciente, había ocasiones que fuimos sorprendidos por su oído, al escucharla reír de una situación que ocurría dos cuartos más allá, y sonaba la expresión "Ah, ¿no que era sorda?"
Yo igual sería sorda ante todo lo otro que era horrible de escuchar. Que me obligaran a comer y sólo interactuaran conmigo para mantenerme viva. Que me dijeran que hacer.
Y ese oído yo creo que percibió esa noche de llanto que inundó la casa que hace tiempo no se inundaba de ruido, inundó sus oídos y probablemente se vio inundada ella por dentro, porque qué otra razón. Qué otra razón. ¿Qué otra razón, le quedaría, pues?
Dos meses duró sin él.