David #6: Muerte Anunciada
Un escenario:
Es de noche. Fuera de un gigantesco palacio, la vida en blanco y negro, se alza sobre ti una intimidante puerta.
La puerta de madera. Cruje. Es insostenible. Nadie puede abrirla, sólo observarla. Entre sus grietas alcanzas a divisar figuras y luces, que tu mente termina por dibujar, para inventar una imagen coherente.
Hay hadas revoloteando por un jardín oscuro. Juegan traviesas, se empujan, ríen y chillan como ratones. Hay una femeneidad en su movimiento, elegante, cautivante. Te dan ganas de aplastarlas entre tus manos. Quizá ahorcar alguna. Una curiosidad de sensación te inunda.
Corre un viento gélido. Se siente como la madrugada posterior a una lluvia. Huele húmedo. No importa cuántas capas de ropa utilices, hace frío. Hace un frío inexplicable. Hace un frío que roza la hipotermia. Hace un frío que te lleva a alucinar.
Una acción:
Con tus dedos congelados, empuñas tu mano derecha, alzas el brazo y golpeas la puerta.
Una respuesta:
Alguien abre con casualidad delicada. Emite brillante luz.
Una reacción:
Inhalas profundo ante la infinita situación que se presenta ante ti. La creatividad eyacula. Tu cuerpo vibra y desespera por abrazar.
Una (des)unión:
Desesperados, se intentan fundir y encajar. Derriten partes de sí mismos para poder calzar. Nada acomoda. Todo grita.
Un final:
Des-derretidos, se llega a consenso.
Se cierra la puerta.
Ambos salen. Ella ha sido exiliada.