El Espejo Aparente
Ante la aparente visibilidad del espejo limpio, desempeñado y recién lustrado
Esconde en su centro una luz mitigada, casi imperceptible, observable desde incómodos ángulos físicos
Si doblases tu cuello bruscamente hacia la izquierda, bajaras 30 centímetros una rodilla, e inclinases levemente tu espalda hacia atrás, entonces quizás la verías
Quizás, si la hora es correcta, si la fecha es par, si el espejo te lo permite
Es una niña acostada en su cama, que llora
Es una niña sentada en la ventana, fumando
Es una niña tirada en el piso, cortándose las venas
Es una niña escribiendo en su diario, gritando en silencio
Es una niña deseosa de que alguien abra la puerta y la sostenga
Es una niña invisible
Y notarías entonces en el pulcro espejo aquellas pequeñas grietas, cicatrices, la mandíbula tiesa y la lengua sangrante
Notarías entonces a la niña llena de cicatrices y heridas gigantes, tajos enormes que debiesen de ser denunciados, con una columna que no le corresponde a esa edad, con una cara que representa mucho más
Pero el espejo suele estar limpio
Y pulcro, y muy bien presentado
Y es sólo en ciertos ángulos, y en ciertas fechas pares, y en ciertas posiciones
Que su grieta brilla
Y tú como observante, podrías decidir mirar